Miércoles, Diciembre 13, 2017

Antes de la colonización europea, las costas del Mar Patagónico y sus recursos fueron utilizados por pueblos originarios durante varios miles de años. Algunas etnias recientes de cazadores – recolectores marinos, como los llamados yámanas y alacalufes, disminuyeron rápidamente sus poblaciones al entrar en contacto con los europeos colonizadores. En la actualidad, partes de la franja costera en toda la región están ocupadas por ciudades y puertos. Los mayores centros urbanos se encuentran en la parte más cálida de la costa atlántica (Rio Grande do Sul en Brasil, Uruguay, provincia de Buenos Aires en Argentina). Las costas patagónicas argentinas y las costas del Sur de Chile tienen algunas decenas de ciudades medianas o pequeñas, dispersas en una gran extensión casi despoblada. Muchas de las ciudades costeras se encuentran en plena expansión, proceso que ocurre generalmente en forma espontánea. Es frecuente que la planificación e inversión en servicios públicos (provisión de agua y energía, disposición de residuos sólidos y líquidos) vaya a la zaga del desarrollo demográfico en estas jóvenes ciudades, lo que causa impactos ambientales negativos que afectan a la costa y el mar vecinos.

Pesca

Buques pesqueros con redes de arrastre en la ZEE de Argentina – © L. Tamini (AA-BLI)

El uso principal del Mar Patagónico por parte de las sociedades humanas modernas es la pesca comercial. Todos los países y territorios de la región tienen flotas pesqueras que suman varios cientos de embarcaciones, desde lanchas costeras hasta buques-factoría que se internan en mar abierto durante semanas. Por añadidura, barcos de varios países de Europa y Asia también utilizan estas aguas como caladero. Una gran parte del área es explorada cada año en busca de peces, moluscos y crustáceos de valor comercial. Algunas prácticas relacionadas con la pesca industrial tienen impacto negativo sobre la biodiversidad y el ecosistema.

Maricultura

En las costas chilenas patagónicas reviste gran importancia la maricultura. En las últimas décadas se ha multiplicado la producción de salmones en “granjas” marinas que utilizan las tranquilas aguas costeras de fiordos y canales, en lo que constituye una de las principales industrias exportadoras del país. Son conocidos los efectos ambientales negativos que puede tener esta actividad cuando se la practica en forma demasiado intensiva y con recaudos ambientales deficientes.

Petróleo

La exploración, extracción y transporte de petróleo, gas y sus derivados es otra de las actividades económicas que se desarrollan en el Mar Patagónico y sus adyacencias. La mayor parte del petróleo crudo que se extrae en los yacimientos continentales se transporta hacia las refinerías por mar. Algunos yacimientos submarinos se encuentran en plena explotación en el sur de la región, y existen planes avanzados de exploración tendientes a desarrollar otras cuencas petroleras en inmediaciones de las Islas Malvinas, Uruguay y sobre la plataforma continental argentina. La industria petrolera posee potencialmente impactos ambientales negativos, de los cuales los más conocidos son los derrames de petróleo y sus derivados al mar y a las costas.

Transporte marítimo y puertos

Los puertos del norte de la región, en la margen atlántica, son los que presentan un mayor movimiento (Montevideo, Buenos Aires). La operación de los puertos de la región patagónica propiamente dicha implica el tránsito de grandes barcos y la manipulación de sustancias potencialmente contaminantes en cercanías de áreas naturales sensibles, de alto valor por su biodiversidad.

Turismo

Cruceros en Ushuaia – © R. Werner

Las playas del sector atlántico templado son un destino tradicional del turismo masivo de verano, de origen local y regional. Esta demanda turística continua ha causado la transformación de extensos sectores de playas y dunas, con pérdida de biodiversidad y cambios irreversibles en el paisaje. En las últimas décadas se ha visto un aumento en la demanda de turismo internacional que busca destinos agrestes con espectáculos naturales. Los paisajes imponentes y las concentraciones de fauna marina de la costa patagónica se volvieron renombradas atracciones para el turismo de naturaleza. El tránsito de cruceros de lujo que visitan los puertos de la región, las islas del Atlántico Sur y la Antártida también se incrementó.

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